Aquella tarde dorada

                                                             
Cada verano, sin excepción posible, Humberto Cárdenas escogía una fecha al azar en el calendario y la marcaba con un grueso rotulador de color rojo. Ese día, mandaba a abrir los portones de su propiedad (una de las más grandes de todo el pueblo, según el alcalde y otros hombres de gran conocimiento), así como las puertas y ventanas de su casa,

Una brillante línea azul en el horizonte


Tenía yo entonces treinta y tres años. Contaba con un título del Instituto de Fotografía de Nueva York y con varios años de experiencia trabajando para horrendas revistas de entretenimiento. De tanto codearme con celebridades, con gente famosa e importante, había terminado por conseguir cierto nivel de notoriedad y de prestigio. Mi rostro, que se

El país de las mujeres suicidas


I

No recuerdo el título de la película, ni los nombres de los célebres actores y actrices que la protagonizaban, ni mucho menos qué tan vieja era. Sólo me recuerdo a mí mismo, de siete años, sentado delante del televisor, con las pupilas dilatadas por la sorpresa. Del

"Capítulo 1: Gloomy sunday" (Hijo de la luna)


I

Era el 20 de marzo del año 2016. Un domingo pálido y de aires melancólicos, idéntico a todos los domingos anteriores desde que comenzó la Guerra Santa. La atmósfera estaba como cuajada de nubarrones sombríos, inmensos y fúnebres, y una perfumada pestilencia de flores marchitas había impregnado el aire, corrompiéndolo. En el profundo cielo de ceniza, por encima incluso de los rascacielos invisibles, entre monoplanos vigilantes y globos aerostáticos, se desplazaba una bandada gigantesca de cucarachas aladas, una detrás de otra en incesante y rectilíneo vuelo. Allá abajo, en el suelo firme, unos pocos vehículos marcaban el ritmo del tránsito, recorriendo

"Prólogo: El atentado" (Hijo de la luna)


I

Jueves, 15 de octubre del 2015


Los dos niños aparecieron empapados y sucios a mitad de la calle Tarragona. Una mujer alta y andrajosa, que pasaba por allí recogiendo del suelo botellas vacías y cigarrillos sin usar, fue la primera en descubrirlos y la primera en compadecerse de ellos.

En esos precisos instantes, en una calle adyacente, los bomberos de turno se esmeraban como nunca por remover los escombros del último atentado terrorista, en busca de cualquier sobreviviente o herido. Los perros de la policía, olisqueando ansiosamente entre las paredes

El sacrificio


La casa que Ismael y yo habíamos construido se distinguía, entre otras casas del pueblo, por sus balcones con flores y sus puertas con aldaba, pero también por esa peculiaridad casi mágica que le permitía mantenerse seca en noches de lluvia y fresca en los días más sofocantes del verano. Las paredes eran como láminas de cristal, frágiles y brillantes, y el suelo poseía una consistencia rugosa y tibia,

Entre nosotros


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El 21 de mayo de 1984, la ciudad de Beaufort se despertó en un lunes aparentemente ordinario. Las casas de los barrios privilegiados renacieron con un rumor de murmullos somnolientos, se abrieron las ventanas y se descorrieron todas las cortinas. Las alarmas y los despertadores empezaron

Autoficción

             


Eva empezó a trabajar para nosotros un lunes a primera hora. Era una mujer rozagante y robusta, pero prefería el silencio antes que el bullicio, la melancólica tranquilidad de estar sola antes que el ajetreo mundano de una conversación. Desde el primer momento

La sonrisa de Mamá


Era el primer viaje que hacíamos fuera de nuestro pueblo. Íbamos los tres juntos, dentro del vagón más barato, sucio y maloliente del Tren Interprovincial. Mamá estaba sentada junto a la ventanilla, con Manolo mal sentado sobre su regazo. Manolo tenía unos siete años y podía disfrutar de ese enorme privilegio; yo,

La mujer de Judá


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Le decían Judá, hijo de Jacob. Había venido de la región de Canaán cuando todavía era muy joven, y aquí se estableció, multiplicó su rebaño, tomó por esposa a una de las hijas más hermosas del cananeo Sué y engendró con